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Llueve

Llueve

Y no sé si es esta luz gris que tiene el día, o el recuerdo de 24 personas convirtiendo sus manos en gotas de agua en el “Magic circle” de aquella sala de conferencias en La Palisse, o si será que vuelvo a sentir la lluvia cayendo en Kigali, lluvia que exorciza y que limpia… no sé… pero tengo un viernes de melancolía. De preguntas. De dudas.

Y una única certeza. La lluvia.

Agua que cae y con ella sobreviene el peso de la vida que he acumulado a borbotones en Ruanda y que se me escapa por las uñas, por los poros, entre los dientes… que trata de crecer por dentro y se topa con mi perímetro de piel. Sal, sal, sal, inunda, ilumina…

Este mundo al que miran los mismos ojos encontrándolo a ratos tan extraño y desconocido.

Y yo. Transformada. Etérea. Liviana…

“pies para qué os quiero, si tengo alas para volar”. Frida, mi vida, que has vuelto de mil maneras en estos 30 recién estrenados para recordármelo, para que no olvide. Vive. Ama. Porque eso eres tú más que nada, por encima de cualquier otra cosa. Pasión.

Ruanda

Ruanda

Dentro de un mes y medio voy a viajar a este país. Lo que siento por dentro es tan inmenso que ninguna unión de palabras sería capaz de expresarlo con la mínima lealtad exigible. Todavía no he llegado pero ya hay una parte de mí que se acerca a Ruanda, y me atraviesa. Me rebasa al tiempo que me asusta. Pero quiero estar allí, quiero respirar su aire, mirar a los ojos de su gente, sentirlos, reír, tal vez llorar… Y llenarme de la fuerza con la que, estoy segura, debe de brotar allí la vida después de un pasado reciente tan lleno de odio, de muerte y de fantasmas.

Ya tengo parte del alma en Ruanda y quiero que una de sus miles de historias sea parte también de este almario. La cuenta la costamarfileña Véronique Tadjo, en un pequeño libro escrito después de un viaje a este pequeñito rincón del África negra, “La sombra de Imana”. Leedla despacio, sentid.

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Me gusta el ritmo de los domingos

Me gusta el ritmo de los domingos

Sí, me gusta el ritmo de este domingo en Barcelona. El primero.

Me he levantado y he abierto balcones. Las nueve y media. La calle de Gracia donde vivo, con nombre de escritor decimonónico, se ha despertado mojada y tranquila, tan solo alguna mujer, más madrugadora que yo, a la que he imaginado cargada de croissants calentitos. He desayunado leyendo a Pérez Oliva, con quien siempre recuerdas o reaprendes cómo debería ser el periodismo para que siguiera siendo tal. Y mi cama de nube blanca y espirales me ha vuelto a atrapar sorpresivamente, transformando el plan inicial de salir a dar un paseo en otras lecturas sobre el mundo, sus mujeres y sus revoluciones.

Anna toca el piano, y yo recuerdo mi sueño de la noche anterior, en el que, una vez más, eran mis manos las que sabiamente recorrían las teclas. Sí. Me gusta a lo que suena este domingo. Hada, la pequeña de las mininas, dormita finalmente a mis pies, después de haber recorrido ronroneando cada rincón de la cama. Y se escuchan fuegos artifiales, ¿son fuegos artificiales?, ¿a esta hora..?

Quería salir a la calle… pero estoy tan tranquila en casa… Suena el piano…

20 de febrero de 2011: las razones de los jóvenes marroquíes para salir a la calle

20 de febrero de 2011: las razones de los jóvenes marroquíes para salir a la calle

Hace unas semanas me pedían unas líneas sobre el significado que para mí tienen las palabras “take the chance, be the change“, que traducido al español sería algo así como “aprovecha la oportunidad, sé el cambio”. No hacía falta pensar demasiado, estos días la realidad nos está dando el mejor ejemplo del mensaje que transmite el eslogan. Lo vimos primero en Túnez y la piel vuelve a erizarse al recordar la plaza Tahrir de Egipto. Precisamente ayer conocí a Anna Cuenca, redactora de AFP, y una de las enviadas especiales de la agencia francesa a El Cairo. Anna lo tenía bastante claro: es un triunfo de la sociedad civil egipcia pero, sobre todo, de sus jóvenes. Ellos han aprovechado su oportunidad, la han creado y, pese a lo mucho que se dijo “Egipto no es Túnez”, lo lograron, se convirtieron en los artífices del cambio. Para asombro y felicidad de todos (o ardores de unos cuantos).

Y Marruecos, ¿es Egipto? Por supuesto que no pero, ¿why not? Los jóvenes marroquíes empiezan a organizarse, y el esquema a seguir viene a ser el mismo de las revoluciones anteriores. Las redes sociales vuelven a jugar un papel clave. “Nous les marocains on n’est capable de faire mieux que les égyptiens et on le prouvera le 20 Février” [nosotros, los marroquíes, somos capaces de hacerlo mejor que los egipcios y lo demostraremos el 20 de febrero], dice un tal Machi Ana en el muro de Organiser un rassemblement géant Facebook au Maroc!!, una de las páginas que se han creado en Facebook para promover las movilizaciones.

Y a través de Facebook he descubierto el video que ha preparado el Movimiento del 20 de Febrero en Marruecos. En él, cuatro chicas, una señora y nueve chicos, valientes y hartos del régimen y de sus consecuencias, expresan sus razones para manifestarse el próximo domingo. Comparto el video y la traducción de lo que dicen (a excepción de las dos personas que hablan en bereber), que ha sido posible gracias a la colaboración del amigo Brahim, otro joven como ellos, estudiante de doctorado en España, con el que he tenido la suerte de compartir sala de trabajo, conversaciones y amistad.

Todo el éxito del mundo. Apabullante lección la que nos están dando.

TRADUCCIÓN (gracias Brahim!):

1. Soy marroquí y saldré el día 20 de febrero. Me manifestaré porque quiero un Marruecos para todos, sin humillación ni enchufismo.
2. ereber]
3. Soy marroquí y saldré el día 20 de febrero. Me manifestaré para poder encontrar un empleo sin tener que pagar sobornos a nadie.
4. Soy marroquí y saldré el día 20 de febrero. Me manifestaré para reivindicar una mejor educación para todos y no restringida solamente a las clases altas.
5. Soy marroquí y saldré el día 20 de febrero. Me manifestaré para que un enfermo pueda ser atendido en hospitales, gratuitamente y sin enchufes.
6. [bereber]
7. Soy marroquí y saldré el día 20 de febrero. Me manifestaré para reivindicar el respecto de los derechos de los trabajadores y la abolición de su explotación.
8. Soy marroquí y saldré el día 20 de febrero. Me manifestaré por la libertad de los marroquíes.
9. Soy marroquí y saldré el día 20 de febrero. Me manifestaré para que no haya más ciudadanos viviendo en chabolas.
10. Soy marroquí y saldré el día 20 de febrero. Me manifestaré para que la policía no nos siga maltratando.
11. Soy marroquí y saldré el día 20 de febrero. Me manifestaré para luchar contra la corrupción en el país.
12. Soy marroquí y saldré el día 20 de febrero. Me manifestaré para pedirles cuentas a los corruptos que han destrozado el país.
13. Soy marroquí y saldré el día 20 de febrero. Me manifestaré porque quiero una Constitución popular democrática.
14. Soy marroquí y saldré el día 20 de febrero. Me manifestaré, lo haré y lo volveré a hacer una y otra vez porque el nivel de vida me tiene asfixiada… cuando salgo a expresarlo pacíficamente me oprimen con violencia… y yo ignoro por qué lo hacen. ¿A caso no estoy en mi país, no tengo derecho a hablar, por qué me oprimen de esta forma? He salido en manifestaciones pacíficas y me he llevado palizas de las fuerzas de opresión ¿por qué? Sufro la opresión de la pobreza y del alza del nivel de vida y ellos (las Autoridades) me añaden más opresión… esto es demasiado.

Álvaro

Álvaro

Una vez me dijo, hace ya unos cuantos años, que algún día debería escribir su vida y yo le dije que sí, que no se me ocurría un honor más grande, y la propuesta pasó al cajón de los posibles, a la espera del momento oportuno. ¿Y cuándo llega el momento oportuno? No lo sé, yo confundo esas cosas, me parecen más fiables las corazonadas que las sesudas y ponderadas reflexiones a la hora de determinar cuándo es la ocasión perfecta para algo. Pero luego soy tan sesuda… Supongo que lo ideal es la correcta suma de ambas. O no. El caso es que, de vez en cuando, parece que es la propia vida la que se encarga de hablarte y responderte. Ya solo le faltan los brazos que te empujen… “estás ciega o qué!!!”

No hace mucho me acordé de él. ¿Qué habrá sido de su vida? ¿Dónde estará? ¿Cómo estará? Ojalá lejos de su infierno. Ojalá feliz. Ojalá limpio. Ojalá acompañado… ojalá tantas cosas…

Yo sé muy poco de sus sufrimientos… Conocí a Álvaro hace mucho tiempo en la parroquia del barrio, en San Vicente. Venía de la cárcel y del infierno de la droga, con cicatrices visibles en la boca y en el cuerpo. Recuerdo su muleta y sus dientes. Pero sobre todo me acuerdo de sus ojos, del más azul de los azules. Y recuerdo el brillo que en ellos había, a pesar de los muchos y tan hondos pesares. Álvaro tenía, y tiene, los ojos que les son dados a las personas inteligentes y de gran corazón. Tan buen conversador, con tantas ganas de hablar y compartir. Era un gustazo sentarse a su lado. Pero se le cruzó la mala suerte. O lo inoportuno. O vete a saber qué fue.

Ahora me doy cuenta de que guardo más sentimientos que datos sobre él. Que sólo sé que vino de la cárcel y de la droga, que vivió en la calle, que sus padres un día se rindieron y dijeron basta, que una hermana luchó por él… y que le encantaba leer a los filósofos. “Yo soy un filósofo de la vida”, me dijo un día.

Y un sábado muy frío de enero de 2011, con alguno de los viejos sueños cumplidos y tantas, tantas cosas en el cajón de los posibles, me volví a cruzar con él y con sus ojos azules en un aparcamiento subterráneo de Alicante. Ya no había muleta. Llevaba un uniforme:

- ¡¡¡¡¡¡Álvaro!!!!!!Cuánto tiempo sin verte… ¡¡¡ Qué sorpresa tan grande!!! ¿Cómo estás?¿Te acuerdas de mí?

Y sonriendo me dices que espere, que un momento, que sí…

- Te conozco de Elche…

- Sí…

- De San Vicente…

- Sí…

- Periodista…

- ¡Sí!

Y nos damos un abrazo. Y me dices que no pudiste felicitar a Florencio por su cumpleaños que fue el otro día, sí, el día 10, pero que ya no tienes su número. Y te digo que no te preocupes, que me voy a Barcelona a vivir unos meses y que seguramente lo veré y que le daré recuerdos tuyos. Y me dices que sí, que sí, que se los dé. Que le diga que te he visto, que estás muy bien.

- Dile que llevo cuatro años trabajando. Que soy una buena persona.

Y te doy otro abrazo porque sé que es verdad, que lo eres. Y me voy feliz porque ya sé donde puedo encontrarte y porque tal vez, tal vez, he vuelto a llegar a ti porque tengo que contar tu historia. Tengo que contar que sí, que se puede. Y que eres feliz.

El año de los unos y los nuevos comienzos

El año de los unos y los nuevos comienzos

Desde que empezó el año hasta ahora he escrito unos cuantos posts, algunos sobre cosas tan mundanas como mi aversión a las peluquerías, los centros de estética, o cualquier lugar del tipo, algunos dirían “femeninos”, yo no sé si decir “frecuentados principalmente por mujeres”, pero bueno, ya nos entendemos; y otros, mucho más profundos, sobre los balances típicos que acompañan a estas fechas. El problema es que he descubierto que las mejores musas me visitan mientras camino, malditas ellas, y me pillan por sorpresa, desprovista de tinta, y mucho menos, de tecla, así que me repito las frases una y otra vez para ver si se fijan en algún lugar de la memoria en el que, obviamente, no se quedan. Al final esos posts resultan ser los más íntimos y efímeros de todos. Lástima. Os aseguro que el de mi aversión y el agobio que me producen los negocios arriba mencionados era la mar de gracioso, escrito mentalmente justo después de recibir varios disparos de láser, valorados en casi una décima parte de mi sueldo mensual (que no es que sea mucho -el sueldo, digo- pero la décima parte ya rasca), caminando de vuelta a casa todavía medio aturdida no sé si por la luz o por el olor a pollo quemado. Pues ahí se quedaron las palabras, en la calle San Roque. Porque todavía -todavía- me da un poco de vergüenza escribirle a la grabadora de voz del móvil. Cosas más raras se han visto, pero yo para eso soy bastante discreta, hablo y escribo sola por la calle, sí, pero en silencio, con algún gesto que otro, es cierto, pero nada alarmante para el viandante que pueda tropezarse conmigo.

En fin, que no puedo dejar constancia de lo mundano, pero sí quería inaugurar enero compartiendo la alegría por los principios que me ha traído el año con más unos que viviré (al 2111 no me importaría llegar, pero me parece que a) la creciente mejora de la esperanza de vida no me va a alcanzar y b) en cualquier caso, el planeta no parece estar muy por la labor (culpa viri).

Inauguramos década, inauguro el año fatal en el que dejaré de ser veinteañera (todavía me quedan seis meses para ir haciéndome a la idea y engañarme a mí misma con las cosas buenas que tiene subir al tercero), y lo inauguro cambiando de lugar de trabajo, no de oficio, pero sí de muchas circunstancias que rodean esta esfera de la vida de uno. Me mudo a la universidad del poeta, el de mi apellido y mis iniciales, rodeadita de palmeras y de mi cielo ilicitano. Me mudo a un pasillo en cuyas paredes cuelgan portadas de periódicos, fotos del conflicto palestino-israelí, frases de Kapuscinski (tantas veces faro de los que queremos pensar que el periodismo es un oficio para buenas personas). Me mudo a un despacho en el que tengo una mesa grande, y cajones, y más cajones, y estanterías, y corchos para ir construyendo mi pequeño santuario de medios y paz. Y puedo llegar a él en bici, o andando. Y todas esas pequeñas cosas ya me hacen un poquito más feliz.

Hoy he recibido mi primera visita, un chico colombiano que retoma la carrera. Ha sido el primero en sentarse en una de esas dos sillas que tengo enfrente y al marcharse he pensado que tal vez fuera una buena señal. Un café con una compañera de aventuras y desventuras pasadas y seguramente futuras con la que me reencuentro, un contarse-rápidamente-la-vida con una compañera nueva, desvirtualizada por fin, un darse cuenta de lo que se necesitaba y un ser consciente también de las otras personas a las que se echará de menos.

Pero la vida es también eso. Avanzar. Aceptar el cambio y vivirlo con intensidad cuando llega. Saber conservar lo valioso que se tiene. Intentar serte fiel en todo momento. Y disfrutar.

Para mí 2011 va a ser un año de construir y construir. Creo que he tenido la suerte de contar con buenos cimientos, gracias a todos y cada uno de ellos, ahora toca ir haciendo la casa. Que quede bonita y pueda acoger a mucha más gente bella.

John Pilger, los medios y las cosas del poder

John Pilger, los medios y las cosas del poder

Varios hallazgos del día serendípicamente relacionados entre sí. Empiezo por lo último. La claridad con la que John Pilger (que quién es John Pilger, este reportero de dentadura Profidén y años no, décadas de experiencia) describe, en el prólogo de un libro que tenía pendiente, el modus operandi de los grandes medios, lo que también podríamos llamar los obstáculos estructurales e ideológicos que se imponen cuando lo que pretendemos es avanzar hacia coberturas más responsables y acordes con el paradigma del periodismo de paz. Pilger aprovecha para darle también algún tirón de orejas al media-system de Mr. Peace Nobel (segundo párrafo, yes, I like it).

Lo segundo. La viñeta de Aleix Saló en el último número de Capçalera, la revista del Colegio de Periodistas de Cataluña, que me esperaba en el buzón este mediodía.

Los dos vienen a hablar de lo mismo.

John Pilger:

War and mayhem happen; peace is utopian. Many journalists believe such an assumption immutable. I did. But the more I investigated causes, the clearer it became that so-called mainstream journalism was committed almost exclusively to the interests of power, not people. (…) Turn the pages of any major newspaper watch or listen to the evening broadcast news, and be assured that news and opinion come from the top, however circuitous, almost never from the bottom. 

 

Today, liberal war journalism promotes the myth of Barack Obama, whose siren call of “change” ensures the status quo and muffles the opponents of war. “From Europe to the Pacific”, said Obama in May 2009, “we’ve been the nation that has shut down torture chambers and replaced tyranny with the rule of law.” As William Blum has documented, since 1945, the United States has overthrown fifty governments, including democracies, and crushed some 30 liberation movements, and set up torture chambers from Egypt to Guatemala. War journalism reports what power says it does; peace journalism reports what it does.

Aleix Saló: