Archivo de la categoría: Almadas

“Aprendí la a, la b, me enseñaron las sílabas… y ya puse mi nombre”. Chefa y el estremecimiento de cada día

“Aprendí la a, la b, me enseñaron las sílabas… y ya puse mi nombre”. Chefa y el estremecimiento de cada día

Letrita por letrita… ése fue, para mí ése fue mi nacimiento

Benditos sean esos días en los que pasa algo que nos estremece. A veces llega por sorpresa, otras se ve venir. Hoy ha sido una mezcla de ambos. Lo escuchas con algo más que los oídos, y de repente la piel reacciona, se eriza, se empañan los ojos. Lo sientes, sientes a la persona y su emoción. Con ella te mueves tú también.

El estremecimiento de hoy tiene nombre de mujer. Josefa, o Chefa, una de las bolivianas que ha participado en el proyecto de educación a distancia a través de la radio puesto en marcha por la Red ACLO y Entreculturas hace algunos años en comunidades del sur de país. Esta mañana, Mario Luis Huayta, uno de los responsables de estos programas “El maestro en casa”, ha venido a compartir su experiencia, la experiencia de la radio transformadora, la que abre mundos y cambia pequeñas realidades, con los alumnos de tercer curso de Periodismo UMH.

Con él y con Denayira Hernández, técnico en comunicación de la ONG, hemos hablado de comunicación para el desarrollo y de cambio social, una asignatura pendiente en los planes de estudio de esta licenciatura que, precisamente hoy, celebraba también el Día Mundial de la Libertad de Prensa.

Pues bien, en Periodismo UMH lo hemos celebrado a nuestra particular manera, con los pequeñitos, que son los que, al final, encierran las grandes lecciones. Como Chefa. ¿Os podéis imaginar, tuiteaba emocionada, lo que puede sentir una mujer cuando, a los 68 años, escribe por primera vez su nombre? Ella lo dice bien claro, antes vivía en la oscuridad. Las palabras nos traen la luz. Son poquitas las letras y cuántos los mundos en sus posibles combinaciones. Hasta uno mismo. Mi nombre. Me escribo. Soy yo. Hoy me parece que no hay ejemplo mejor ni más claro de lo que es el empoderamiento.

Gracias, Chefa.

Aquí podéis escuchar a Chefa contando su vida

Sant Jordi

Sant Jordi

Y los días se echaron a caminar.

Y ellos, los días, nos hicieron.

Y así fuimos nacidos nosotros,

los hijos de los días,

los averiguadores,

los buscadores de la vida.

(El Génesis, según los mayas)

Con estas palabras se abre la puerta del último libro de Galeano, Los hijos de los días, mi particular regalo de Sant Jordi. Nuevo abrazo. Iniciamos la búsqueda.

Mis diez (primeros) años en Amnistía Internacional

Mis diez (primeros) años en Amnistía Internacional

“Es mejor encender una vela que maldecir la oscuridad” Peter Benenson

Lo recuerdo como si fuera ayer, como se recuerdan los momentos que marcan las vidas, los que abren puertas. Segundo de carrera. Un ciclo sobre cine y derechos humanos. Recuerdo el estómago retorciéndose mientras se van sucediendo las imágenes y las historias que narra Javier Corcuera en La espalda del mundoLa diputada kurda Leyla Zana, el niño de la mina peruana y, sobre todo, Thomas Miller, el perfecto retrato de la sinrazón de la pena de muerte, su celda en el corredor tejano. Sí, yo me preparaba para ser periodista por ellos, por el Niño, por la Palabra y por la Vida. Al término del documental una mujer, por aquel entonces con su inconfundible pelo caoba (“pero si es la del pelo rojo, la viuda de Cayetano Sempere…”, no había pasado tanto tiempo desde su discurso imposible en la graduación de mi promoción de Bachillerato) inició el coloquio en el que habría de presentarnos a Amnistía Internacional haciéndome saber que, desde ese momento, mi vida iba a quedar ligada a la de la organización. Con la pasión propia de los 20 años, al final de la charla me acerqué a ella, a la Bouvard, y le dije que yo también quería ser una más, feliz de haber encontrado un lugar, en mi ciudad, en el que trabajar por los derechos humanos.

Ayer se cumplieron diez años. Un tercio de mi vida. Una linda historia de casualidades pues, sin saberlo, celebré la década acompañada de la abogada congoleña Nicole Odia Kayembe. Nicole pasó fugazmente por Elche para acompañarnos, el pasado martes, en la inauguración de la exposición “Los Derechos Humanos de las Mujeres”. Con ella, hablamos de la situación de las mujeres de su país en Radio Exprés, compartí paseo bajo palmeras y comida en francés. Un día tremendamente estimulante, de esos que ansío y que me llenan. Un día de sentido. Agotada, por la tarde, ya en casa, comprobé que fue un 14 de marzo de 2002 cuando inicié oficialmente mi andadura en esta organización, que es mucho más que una ONG, como he podido comprobar tantas veces en tantos lugares. Y, sin quererlo, el laberinto de la memoria me fue devolviendo un rico collage de imágenes, personas, momentos… Como me gusta decir, al recordar -re cordis- volvemos a pasar por el corazón aquello que hemos vivido. Y así fue…

… los compañeros del grupo local que estaban ahí aquellos lunes de ensobrar en el CEU, los que siguen y los que se marcharon; el traslado al Margalló; las primeras ruedas de prensa; aquella Amnistía azul; María Dolores y sus inconfundibles maneras con el concejal o el alcalde de turno; el día que nos vestimos por primera vez de presos de Guantánamo; las cartas, los cientos de cartas y de firmas; la emoción de recibir la respuesta de algún gobierno, aunque el mensaje no fuera más que la típica palabrería diplomática; la primera visita al número 8 de Fernando VI; los ensayos y las poesías; el día que nos echamos a la piscina y decidimos traer a todos los grupos de España a Elche y el día que, por fin, fue real; la admiración eterna a Carmen Soto; Isabel, los actos de calle con ella, aquellas doce horas interminables en los últimos asientos del Alsa a Vitoria y llegar doloridas y sin dormir y tan felices a la Asamblea General, y a la de Santander, y la de Ciudad Real, y la de Pamplona…, los agobios compartidos y la esperanza de que vuelva; mi familia colombiana, probablemente el regalo más bonito que me ha hecho AI-Elche, esos cinco meses con José Humberto, Bertha Regina, Vicky, Marcela… y la unión definitiva con su país, que todavía me espera; las crisis; mis nuevas compañeras Sandra, Eva, Caterina, Carolina y Sidi, que han llegado cuando en el grupo más se les necesitaba…

Siempre, mientras estuve en Milán, cuando me fui a París, durante el primer posgrado en Barcelona, luego el segundo… Amnistía siempre ha estado ahí, porque está dentro, porque la llevo conmigo. Como bien lo sabe Noelia, ahora desde Bruselas, es un sentido de pertenencia que va más allá de las fronteras, como aquel día, aquella foto en una plaza de México DF, con uno de los jóvenes de AI que recogía firmas, la conexión inmediata. Sí. Somos una gran familia.

Así que este es mi pequeño homenaje a Amnistía, a las personas que la hacen grande en España y en el mundo, pero particularmente, en este pequeño rincón que es Elche y que es mi almario. Gracias, por ayudarme a ver el mundo con estos ojos. Que cumplamos muchos más.

Pequeña memoria fotográfica:

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Entrevista con la abogada congoleña Nicole Odia en Radio Exprés (marzo, 2012)

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Taller de Educación para la Paz y la Noviolencia en Elche Acoge (enero, 2012)

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Décimo aniversario de Guantánamo (enero, 2012)

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Celebrando el 50 aniversario de AI y el Día de los Derechos Humanos (diciembre, 2011)

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Súper A, (enero, 2011)

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Asamblea General Federal de AI España en Elche (abril, 2009)

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Rueda de prensa con Joaquín José Martínez (noviembre, 2008)

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Elche, Ciudad por la Vida (noviembre, 2008)

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Inauguración Exposición ‘Defensores, el testimonio obstinado’ (noviembre, 2008)

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Campaña JJOO Beijing (junio, 2008)

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Presentación Informe Anual con Leonora Castaño (junio, 2008)

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Asamblea General Federal en Santander (abril, 2008)

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De lobby con Bernat Soria (febrero, 2008)

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Música y poesía en el 59º aniversario de la Declaración de DDHH (diciembre, 2007)

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Asamblea General AI Comunidad Valenciana en Elche (mayo, 2007)

Suspiras

Suspiras

De vez en cuando suspiras

y yo te escucho llorar por dentro,

en silencio y sin lágrimas

porque nunca has querido llamar demasiado la atención.

A mí me gustaría abrazarte en ese momento

y decirte esa mentira de que todo volverá a ser como antes

Pero no lo será.

Y me quedo quieta

pensando

y lloro por dentro

porque no quiero añadirle más pena a tu dolor callado

Y así,

con el tiempo,

nos dormimos

sabiéndonos tristes

pero acompañados.

Septiembre, casi a punto de arrancar de una vez. De nubes que se van y sol que asoma

Septiembre, casi a punto de arrancar de una vez. De nubes que se van y sol que asoma

En algún momento de agosto la vida se interrumpió. Las malas noticias dejaron de ser tan malas, se quedaron en meras anécdotas casi sin importancia ante la llegada abrumadora de una tormenta que se aventuraba aún peor. Llegó. Nos barrió. Se nos llenó el cielo de nubes negras y las noches de horas amargas e interminables. La perspectiva de una enfermedad terrible e imbatible en el horizonte redujo a la más absoluta de las nimiedades las preocupaciones anteriores, que si el Ministerio me había denegado la estancia en Colombia, que si qué voy a hacer ahora, que qué pasa con la tesis, que si no me puedo permitir económicamente irme de mi bolsillo, que si la ANECA, que la FPU, que si la jodida crisis y los recortes… Bla, bla, bla.

De repente todo se paraliza. Un mes en blanco y en suspenso, sin más luz que las velas a San José, con la esperanza de que siga habiendo algo más allá que pudiera cambiar el rumbo de lo que parecía, tan injustamente, destinado a ser. La angustia. Y el milagro. Septiembre empezó a ser septiembre después de una operación de seis horas y un tumor menos envenenando el cerebro de una persona extraordinaria que todavía tiene muchas cosas que hacer en esta vida. Septiembre empezó un martes y 13 en el que la medicina sumó 2 y 2, con la suerte de que el resultado, esta vez, no fuera 4.

Parece que septiembre quiere empezar a ser. Que las nubes negras poco a poco se van desvaneciendo y en el horizonte, cambiado, sí, porque en esta vida las cosas no siempre son como las piensas, se dibuja al menos la oportunidad de luchar por lo más importante.

Y después de lo que va primero, la nueva yo que ahora soy en este nuevo nosotros en el que este no-mes nos ha transformado, podrá volver a ocuparse de aquello que en agosto le parecía tan determinante y decisivo. De su tesis, su trabajo y todas esas cosas con las que los seres humanos llenamos nuestro ego y el tiempo que nos ha sido prestado en este planeta.

Nuestra vida no es más que eso. Un préstamo. Empezamos una nueva partida.

 

Angustias

Angustias

Angustias tiene las uñas y el rostro de una mujer que se ha pasado la vida sobreviviendo. Tiene, tal vez, también el nombre. Los ojos hundidos, unas cuencas huesudas y pronunciadas, la mirada triste y sombría, el pelo crespo y descolorido, áspero, como la piel de sus manos, una piel cuarteada y deshidratada. Qué lujo las cremas, a estas alturas… De repente, el fondo de sus pupilas se clava en las mías, y con un fuerza tímida pero penetrante parece preguntarme: ¿por qué a mí?

Es una duda intensa, de ésas que le sobrevienen a uno cuando la mente baja la guardia, en el silencio de la noche, justo antes de dormir, o mientras pelas las patatas para el guiso, o embadurnas tu cuerpo de gel. Son las preguntas que toda vida esconde, las que nacen de un sueño que no fue.

Angustias me lo pregunta silenciosamente. Y yo pienso para mis adentros que no es justo, mujer. Y te imagino en un tiempo en el que eras joven, aquellos años en los que todavía acariciabas un pelo suave, lucías una mirada brillante, y soñabas, qué se yo, con viajar y conocer mundo, con un trabajo que te hiciera levantarte ilusionada, que te hiciera crecer, tal vez con ser música, y fantaseabas con las personas vibrantes que conocerías, con una vida feliz…

¿Por qué yo? ¿Qué perverso juego de malabares determinó que me sería negado el privilegio? ¿Cómo podía imaginar, cuando todavía tenía sueños, que mi vida sería simplemente una sombra, un accesorio más en la vida de otros? ¿Por qué nunca pude vivir para mí? ¿Por qué la vida me ha pasado por encima, por qué solo he podido deslizarme sobre ella, sobrevivirla? Sí, tal vez en algún momento hubo un chispazo que me hizo entender de qué iba esto de estar aquí, tal vez pude intuir cómo se siente en el estómago eso a lo que llaman pasión, qué impulsa a ese músculo en el centro del pecho a bombear la sangre con más fuerza… Pero el resto del tiempo todo ha sido gris, deforme, polvoriento, como los años de servicio en aquella casa; monótono y repetitivo hasta la desesperación, como las horas interminables detrás de aquella cadena de montaje; tremendamente solitario y vacío. ¿En qué momento se me torció el destino? ¿O es que ya nací para la nada?

Llueve

Llueve

Y no sé si es esta luz gris que tiene el día, o el recuerdo de 24 personas convirtiendo sus manos en gotas de agua en el “Magic circle” de aquella sala de conferencias en La Palisse, o si será que vuelvo a sentir la lluvia cayendo en Kigali, lluvia que exorciza y que limpia… no sé… pero tengo un viernes de melancolía. De preguntas. De dudas.

Y una única certeza. La lluvia.

Agua que cae y con ella sobreviene el peso de la vida que he acumulado a borbotones en Ruanda y que se me escapa por las uñas, por los poros, entre los dientes… que trata de crecer por dentro y se topa con mi perímetro de piel. Sal, sal, sal, inunda, ilumina…

Este mundo al que miran los mismos ojos encontrándolo a ratos tan extraño y desconocido.

Y yo. Transformada. Etérea. Liviana…

“pies para qué os quiero, si tengo alas para volar”. Frida, mi vida, que has vuelto de mil maneras en estos 30 recién estrenados para recordármelo, para que no olvide. Vive. Ama. Porque eso eres tú más que nada, por encima de cualquier otra cosa. Pasión.

Ruanda

Ruanda

Dentro de un mes y medio voy a viajar a este país. Lo que siento por dentro es tan inmenso que ninguna unión de palabras sería capaz de expresarlo con la mínima lealtad exigible. Todavía no he llegado pero ya hay una parte de mí que se acerca a Ruanda, y me atraviesa. Me rebasa al tiempo que me asusta. Pero quiero estar allí, quiero respirar su aire, mirar a los ojos de su gente, sentirlos, reír, tal vez llorar… Y llenarme de la fuerza con la que, estoy segura, debe de brotar allí la vida después de un pasado reciente tan lleno de odio, de muerte y de fantasmas.

Ya tengo parte del alma en Ruanda y quiero que una de sus miles de historias sea parte también de este almario. La cuenta la costamarfileña Véronique Tadjo, en un pequeño libro escrito después de un viaje a este pequeñito rincón del África negra, “La sombra de Imana”. Leedla despacio, sentid.

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Me gusta el ritmo de los domingos

Me gusta el ritmo de los domingos

Sí, me gusta el ritmo de este domingo en Barcelona. El primero.

Me he levantado y he abierto balcones. Las nueve y media. La calle de Gracia donde vivo, con nombre de escritor decimonónico, se ha despertado mojada y tranquila, tan solo alguna mujer, más madrugadora que yo, a la que he imaginado cargada de croissants calentitos. He desayunado leyendo a Pérez Oliva, con quien siempre recuerdas o reaprendes cómo debería ser el periodismo para que siguiera siendo tal. Y mi cama de nube blanca y espirales me ha vuelto a atrapar sorpresivamente, transformando el plan inicial de salir a dar un paseo en otras lecturas sobre el mundo, sus mujeres y sus revoluciones.

Anna toca el piano, y yo recuerdo mi sueño de la noche anterior, en el que, una vez más, eran mis manos las que sabiamente recorrían las teclas. Sí. Me gusta a lo que suena este domingo. Hada, la pequeña de las mininas, dormita finalmente a mis pies, después de haber recorrido ronroneando cada rincón de la cama. Y se escuchan fuegos artifiales, ¿son fuegos artificiales?, ¿a esta hora..?

Quería salir a la calle… pero estoy tan tranquila en casa… Suena el piano…